jueves, 28 de abril de 2016

La historia de la humanidad es sólo un parpadeo dentro del espacio

¿Qué será del cruel, aferrado, pobre ser humano que destruye todo lo que toca? ¿El hombre aprenderá tras la destrucción que la tecnología tiene su lado oscuro si es manejada con malicia? ¿Qué pasará con su hogar cuando se hayan acabado entre ellos? ¿El universo nos resentirá, o acaso sus criaturas desconocidas por nosotros? ¿O quizá, se alegrarán de que nosotros ya no estemos?


Ray Bradbury plantea en Crónicas marcianas, estos aspectos, dándonos una visión desoladora y cruel del destino del hombre tras conflictos donde el odio, el poder y el creciente avance tecnológico significan la extinción de su propia raza.

A través de los cuentos que, en su conjunto, forman una novela porque siempre está latente el mismo problema y los sucesos y personajes se relacionan, muestran cada vez a un ser humano más degradado: la tecnología permite los viajes al espacio, específicamente al planeta Marte, donde se mandan expediciones de reconocimiento para ver si sería habitable en caso de que la situación en la Tierra se ponga muy mal debido a guerras o cualquier otra cosa; pero se dan cuenta que el planeta no está solo, hay marcianos que, cuidando su hogar, se protegen de esas amenazas. Tras los intentos fallidos, se mandan más expediciones que dan como resultado una exterminación de sus habitantes nativos, masacrando no sólo a ese pueblo, sino también los rastros de su cultura. 

Una colonización se da en Marte. Los marcianos son nuestro reflejo, nos recuerdan a la historia de la humanidad que, al encontrar un lugar nuevo que no era tan "avanzado" como su cultura, los conquistaban y arrasaban con el lugar, unos con un genocidio de los aborígenes, y otros conviviendo con ellos pero inculcándoles su propia visión del mundo. Los marcianos somos nosotros, es decir, el pueblo de América y de África que vieron de pronto naves extrañas de las cuales seres con otras lenguas llegaron e hicieron suyas esas tierras. Es inevitable no sentir empatía por esos seres.

Sin embargo, aunque la vida en Marte sin marcianos sea tranquila ahora para los humanos, ellos pueden ver cómo una nueva guerra mundial asola a la Tierra; ven las bombas atómicas estallar y llevarse partes del planeta de regreso al olvido del universo. Pero, pese a eso, los terrícolas extrañan su Hogar Madre, y deciden irse de ese planeta masacrado para volver con sus familias. Unos pocos se van, y otros, tiempo después, regresan a Marte para olvidarse del caos muerto de la Tierra.

Interesa en particular las últimas tres crónicas que datan del 2026, en específico porque vemos el desenlace de la Tierra y lo poco que hay de la raza humana, mientras otros factores tecnológicos se hacen más presentes, apelando a una completa deshumanización.

En Los largos años, vemos a uno de los tripulantes de la cuarta expedición que vive con su familia en Marte. Cuando ve que un cohete está por llegar, se alegra, y más al reconocer a su amigo el capitán Wilder. Sin embargo, éste ve algo raro en la familia de Hathaway, no habían envejecido en casi dos décadas. En realidad, su familia había muerto, y Hathaway había construido robots a imagen y semejanza de ellos para no sentirse solo en ese planeta desierto. Hathaway muere, y cuando Wilder manda a matar a la familia robótica, su subordinado no puede, puesto que se han vuelto "humanos", quizá más de lo que lo han sido ellos mismos en veinte o más años desde que la Tierra estuviera en guerra.

En este cuento vemos algo que no se pensaba del todo en la época: los robots humanizados; es decir, no son meras máquinas que hacen el trabajo del hombre, sino máquinas con rostro humano que reemplazan al hombre mismo. Esto es algo que, ahora en el siglo XXI, es más preocupante con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y los robots que hablan y hacen cosas como los humanos. Bradbury estaba ya pensando en esta posibilidad: el hombre no sólo relacionado con la máquina, sino el hombre opacado y sustituible por la máquina.

A diferencia de los demás cuentos donde vemos una ciencia ficción soft, en éste pasamos a una transición al hard, donde el desarrollo científico y tecnológico crean los escenarios planteados de la obra, volviéndolos posibles, y más ahora como nuestro mundo se encuentra.

Llega al grado de hacernos pensar en una Tierra digna del género cyberpunk: robots humanizados y lo que veremos en el próximo cuento. Además, por lo que sabemos de los personajes, la Tierra que, de por sí nunca fue utópica, se vuelve una completa distopía con la guerra presente y la tecnología del lado de los poderosos.

La ciencia ficción hard se vuelve aún más evidente con el cuento que, para nosotras, fue el más perturbador de todos: Vendrán lluvias suaves. La historia se da, a diferencia de las demás, en la Tierra. Ésta está destruida, infértil, sin vida humana. Entre ese paisaje, una casa robotizada se mantiene en pie, siguiendo la vida normal de sus habitantes que ya no existen más que como siluetas de cenizas, resultado de las explosiones de bombas atómicas. Al final, la casa se desestabiliza, encendiéndose y muriendo.

Si no eran suficientes los robots humanizados, en la Tierra la tecnología había llegado ya a abarcar la vida del hombre, como esta casa que hacía todo lo de sus habitantes, como despertarlos, darles de comer, acomodarlos en las sillas, y demás. O sea, el hombre vicioso que, ante la cómoda vida que le otorga la ciencia y tecnología, no tiene más por qué vivir, no hay sueños, y menos cuando miramos a nuestro alrededor y vemos solamente muerte y destrucción. Realmente esto es un fenómeno que vivimos hoy en día.

Posiblemente en esta crónica, sea la canción que toca la casa lo que es más triste: 

"Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
y golondrinas que girarán con brillante sonido;
y ranas que cantarán de noche en los estanques
y ciruelos de tembloroso blanco,
y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán en los alambres de las cercas;
y nadie sabrá nada de la guerra,
a nadie le interesará que haya terminado.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se destruye totalmente;
y la misma primavera, al despertarse al alba
apenas sabrá que hemos desaparecido."
"La historia de la humanidad es sólo un parpadeo dentro del espacio", esta frase del personaje de ficción, Capitán Harlock, es indicada para describir esta canción. Nosotros nos mataremos entre sí y, cuando ya no haya ningún humano, nadie lo lamentará; la vida en la Tierra, si es que no la deterioramos más, será verde de nuevo; los animales vivirán sin preocupación de que el hombre los cace o destruya sus hábitats; los restos de nuestra civilización serán rodeados por moho, por plantas, por flores; nacerán nuevos ríos, árboles. Quizá lo que necesita nuestra lastimada Tierra es la destrucción del humano para volver a comenzar. Y, mientras tanto, en el vasto universo nadie ni nada notará que el ex poderoso ser humano está extinto. Las estrellas seguirán muriendo, los demás planetas del Sistema Solar seguirán girando. Nada cambiará en el resto del universo.

Por último, en el cuento de El picnic de un millón de años nos damos cuenta por los personajes del desenlace de la Tierra. Una familia logra escapar con su cohete a Marte, y ahora esperan que unos más lleguen para comenzar de nuevo. Lo más rico del relato es cuando el padre les dice a sus hijos el por qué están en Marte y por qué se quedarán ahí:
"Estoy quemando toda una manera de vivir, de la misma forma que otra manera de vivir se quema ahora en la Tierra. (...) La vida en la Tierra nunca fue nada bueno. La ciencia se nos adelantó demasiado, con demasiada rapidez, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, preocupándose por las máquinas más que por el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y por último acabaron con la Tierra. Por eso han callado las radios. Por eso hemos huido... (...) La Tierra ya no existe (...) Aquella manera de vivir fracasó, y se estranguló con sus propias manos."
Es decir, el propio hombre se buscó su destrucción, y ni las leyes ni las cosas en las que creía y creaba lo salvaron de eso. Nuestra naturaleza destructiva está latente hasta que algo la detona.

Como dato curioso, el aspecto de la colonización y viajes al espacio nos recordaron a la serie Cowboy Bebop, la cual ocurre en el año 2071: los viajes hiperespaciales facilitan la creación de colonias en otros planetas y el comercio entre ellas. Una de estas puertas, muy cercana a la Tierra, sufre cierta inestabilidad que deriva en una explosión de grandes proporciones. Ésta destroza literalmente la mitad de la Luna y arrasa la superficie de la Tierra, matando a miles de millones de personas. La mayoría de la población opta por emigrar a colonias en otros planetas.

Finalmente, queremos cerrar esta entrada con otra cita del Capitán Harlock: 
"Nuestro significado y existencia terminarán desapareciendo, o tal vez no,
nadie lo sabrá a las finales.
Desde que nos dimos cuenta de eso, la humanidad trató de volver a la Tierra, regresar a la Tierra Madre y a aquella época en la que éramos inocentes.
Ellos trataron de regresar cuando el mundo estaba lleno de nuevas esperanzas, pero esa Tierra ya no existe.
Ya no se puede volver a comenzar."

Fuentes:
Bradbury, Ray, Crónicas marcianas, Edit. Minotauro, Buenos Aires, 1955, pp. 129.
Matsumoto, Leiji. Uchu Kaizoku Kyaputain Harurokku (Pirata Espacial Capitán Harlock). Estudio de Animación: Toiei Animation. Director: Rintaro. 1978. Caps. 42
Watanabe, Shinichiro. Cowboy Bebop. Estudio de Animación: Sunrise. Director: Watanabe, Shinichiro. 1998. Caps. 26.

jueves, 21 de abril de 2016

¡Mírame! ¡Mira qué tan grande se ha vuelto el monstruo en mi interior!

¿Cómo dos personas pueden ponerse de acuerdo para dibujar algo en conjunto? ¿Será que han vivido ciertas experiencias que las ha llevado a pensar en cuestiones oscuras del mundo? ¿O quizá es que el mundo es ya tan oscuro que permite que dos chicas influenciadas por esas tinieblas piensen en algo tenebroso y en común?

Parte de este sentir que está muy vivo en el presente, era el que los artistas del siglo XX, en especial los que vivieron en épocas de guerra, tomaron como bandera para expresar las atrocidades que veían en su mundo. El Dadaísmo, Cubismo, Futurismo, Surrealismo y Expresionismo, principalmente, fueron las corrientes de las Vanguardias que fueron más usadas para reflejar la realidad cruenta de esos momentos de tensión. 

Nosotras, tras ver la presentación en clase por primera vez, nos miramos asintiendo que ya teníamos una idea sobre nuestro dibujo. Tras la segunda vuelta, las ideas se consolidaron. Queríamos representar la desesperación y desolación que nos invadió tras ver aquellas imágenes, leer esas frases y oír esa música penetrante y desquiciante. Nuestras ideas salieron de nuestras bocas al mismo tiempo, así que no tuvimos problema para organizarnos y ponernos de acuerdo en cuanto al diseño de nuestro dibujo.

Nuestra obra de arte, si es que podemos llamarla de esa manera ostentosa, la dibujamos con gises y en cartulina negra, ya que con estos materiales podíamos tener un mejor manejo de las ideas que teníamos en mente, así como los colores que utilizáramos darían otro efecto, a que si hubiéramos pintado con acuarelas. 


En nuestro dibujo se encuentra una persona que tiene la boca cosida, un botón como ojo, un parche que cubre el otro, y lágrimas. La boca representa la incomunicación humana, la cual ha estado presente en nuestras últimas lecturas, así como el lenguaje que puede perjudicar y dañar más a una persona que un arma, causando no sólo un aislamiento social, sino también un quiebre psicológico ante el rechazo de todo un mundo. El botón representa al humano como un muñeco que puede ser manipulado por otros, y cómo el hombre intenta huir de todo para vivir en una fantasía donde los problemas personales y del mundo no existen.

El parche lo dibujamos como parte de la incomunicación, es decir, que incluso en el aspecto visual, mediante gestos y las mismas cosas que vemos, aunque sean más claros y supuestamente más fácil de entender, pueden ser engañosos, y podemos creerlos como reales, y de las cosas que no queremos ver porque hieren nuestra sensibilidad. Por eso, pusimos lágrimas como parte de la idea del sufrimiento ante los cambios drásticos que surgen en el siglo XX con las guerras mundiales, la enajenación e incomunicación cada vez más latentes, y el dolor en las almas humanas; ¿qué hay del dolor de los demás?

Alrededor de esta persona hay fuego, simbolizando la destrucción y desesperación de un momento de posguerra, lleno de muerte, sufrimiento y caos, donde el hombre se consume completamente por dentro y por fuera. Pusimos la palabras "monstruo" y "en mi interior" como el lado instintivo y hasta natural en el ser humano cuando es expuesto a una situación de tensión extrema, dejando salir lo peor y más abominable de él, convirtiéndose en un monstruo que se alimenta de otras personas intentando satisfacer su apetito cada vez mayor hasta que el monstruo sólo deja la piel del humano huésped en el suelo. Un monstruo despiadado e hipócrita que se desliza en la oscuridad para clavar sus colmillos y garras en sus próximas presas.

Ya que para nosotras el japonés y los kanji son comunes en nuestras vidas, decidimos poner dos que simbolizaban bien toda nuestra idea. El kanji 死 significa "muerte", palabra perfecta para la desesperación que carcome a las personas, principalmente, en su interior, matándolas aunque sigan vivas. El otro kanji es el de guerra, 戦, ideal para el momento de crisis de guerra y posguerra que caracteriza al siglo XX, junto con una deshumanización y crueldad llevada más allá del límite.


Queremos ilustrar más esta idea con el siguiente video que relata el cuento llamado El monstruo sin nombre, que habla sobre el problema de la identidad, de la naturaleza monstruosa del hombre:


Los humanos niegan a su monstruo interior bajo apariencias, pero los monstruos no niegan su naturaleza; eso no es tan terrible, ni siquiera para un monstruo.