Parte de este sentir que está muy vivo en el presente, era el que los artistas del siglo XX, en especial los que vivieron en épocas de guerra, tomaron como bandera para expresar las atrocidades que veían en su mundo. El Dadaísmo, Cubismo, Futurismo, Surrealismo y Expresionismo, principalmente, fueron las corrientes de las Vanguardias que fueron más usadas para reflejar la realidad cruenta de esos momentos de tensión.
Nosotras, tras ver la presentación en clase por primera vez, nos miramos asintiendo que ya teníamos una idea sobre nuestro dibujo. Tras la segunda vuelta, las ideas se consolidaron. Queríamos representar la desesperación y desolación que nos invadió tras ver aquellas imágenes, leer esas frases y oír esa música penetrante y desquiciante. Nuestras ideas salieron de nuestras bocas al mismo tiempo, así que no tuvimos problema para organizarnos y ponernos de acuerdo en cuanto al diseño de nuestro dibujo.
Nuestra obra de arte, si es que podemos llamarla de esa manera ostentosa, la dibujamos con gises y en cartulina negra, ya que con estos materiales podíamos tener un mejor manejo de las ideas que teníamos en mente, así como los colores que utilizáramos darían otro efecto, a que si hubiéramos pintado con acuarelas.
En nuestro dibujo se encuentra una persona que tiene la boca cosida, un botón como ojo, un parche que cubre el otro, y lágrimas. La boca representa la incomunicación humana, la cual ha estado presente en nuestras últimas lecturas, así como el lenguaje que puede perjudicar y dañar más a una persona que un arma, causando no sólo un aislamiento social, sino también un quiebre psicológico ante el rechazo de todo un mundo. El botón representa al humano como un muñeco que puede ser manipulado por otros, y cómo el hombre intenta huir de todo para vivir en una fantasía donde los problemas personales y del mundo no existen.
El parche lo dibujamos como parte de la incomunicación, es decir, que incluso en el aspecto visual, mediante gestos y las mismas cosas que vemos, aunque sean más claros y supuestamente más fácil de entender, pueden ser engañosos, y podemos creerlos como reales, y de las cosas que no queremos ver porque hieren nuestra sensibilidad. Por eso, pusimos lágrimas como parte de la idea del sufrimiento ante los cambios drásticos que surgen en el siglo XX con las guerras mundiales, la enajenación e incomunicación cada vez más latentes, y el dolor en las almas humanas; ¿qué hay del dolor de los demás?
Alrededor de esta persona hay fuego, simbolizando la destrucción y desesperación de un momento de posguerra, lleno de muerte, sufrimiento y caos, donde el hombre se consume completamente por dentro y por fuera. Pusimos la palabras "monstruo" y "en mi interior" como el lado instintivo y hasta natural en el ser humano cuando es expuesto a una situación de tensión extrema, dejando salir lo peor y más abominable de él, convirtiéndose en un monstruo que se alimenta de otras personas intentando satisfacer su apetito cada vez mayor hasta que el monstruo sólo deja la piel del humano huésped en el suelo. Un monstruo despiadado e hipócrita que se desliza en la oscuridad para clavar sus colmillos y garras en sus próximas presas.
Queremos ilustrar más esta idea con el siguiente video que relata el cuento llamado El monstruo sin nombre, que habla sobre el problema de la identidad, de la naturaleza monstruosa del hombre:
Los humanos niegan a su monstruo interior bajo apariencias, pero los monstruos no niegan su naturaleza; eso no es tan terrible, ni siquiera para un monstruo.

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