jueves, 28 de abril de 2016

La historia de la humanidad es sólo un parpadeo dentro del espacio

¿Qué será del cruel, aferrado, pobre ser humano que destruye todo lo que toca? ¿El hombre aprenderá tras la destrucción que la tecnología tiene su lado oscuro si es manejada con malicia? ¿Qué pasará con su hogar cuando se hayan acabado entre ellos? ¿El universo nos resentirá, o acaso sus criaturas desconocidas por nosotros? ¿O quizá, se alegrarán de que nosotros ya no estemos?


Ray Bradbury plantea en Crónicas marcianas, estos aspectos, dándonos una visión desoladora y cruel del destino del hombre tras conflictos donde el odio, el poder y el creciente avance tecnológico significan la extinción de su propia raza.

A través de los cuentos que, en su conjunto, forman una novela porque siempre está latente el mismo problema y los sucesos y personajes se relacionan, muestran cada vez a un ser humano más degradado: la tecnología permite los viajes al espacio, específicamente al planeta Marte, donde se mandan expediciones de reconocimiento para ver si sería habitable en caso de que la situación en la Tierra se ponga muy mal debido a guerras o cualquier otra cosa; pero se dan cuenta que el planeta no está solo, hay marcianos que, cuidando su hogar, se protegen de esas amenazas. Tras los intentos fallidos, se mandan más expediciones que dan como resultado una exterminación de sus habitantes nativos, masacrando no sólo a ese pueblo, sino también los rastros de su cultura. 

Una colonización se da en Marte. Los marcianos son nuestro reflejo, nos recuerdan a la historia de la humanidad que, al encontrar un lugar nuevo que no era tan "avanzado" como su cultura, los conquistaban y arrasaban con el lugar, unos con un genocidio de los aborígenes, y otros conviviendo con ellos pero inculcándoles su propia visión del mundo. Los marcianos somos nosotros, es decir, el pueblo de América y de África que vieron de pronto naves extrañas de las cuales seres con otras lenguas llegaron e hicieron suyas esas tierras. Es inevitable no sentir empatía por esos seres.

Sin embargo, aunque la vida en Marte sin marcianos sea tranquila ahora para los humanos, ellos pueden ver cómo una nueva guerra mundial asola a la Tierra; ven las bombas atómicas estallar y llevarse partes del planeta de regreso al olvido del universo. Pero, pese a eso, los terrícolas extrañan su Hogar Madre, y deciden irse de ese planeta masacrado para volver con sus familias. Unos pocos se van, y otros, tiempo después, regresan a Marte para olvidarse del caos muerto de la Tierra.

Interesa en particular las últimas tres crónicas que datan del 2026, en específico porque vemos el desenlace de la Tierra y lo poco que hay de la raza humana, mientras otros factores tecnológicos se hacen más presentes, apelando a una completa deshumanización.

En Los largos años, vemos a uno de los tripulantes de la cuarta expedición que vive con su familia en Marte. Cuando ve que un cohete está por llegar, se alegra, y más al reconocer a su amigo el capitán Wilder. Sin embargo, éste ve algo raro en la familia de Hathaway, no habían envejecido en casi dos décadas. En realidad, su familia había muerto, y Hathaway había construido robots a imagen y semejanza de ellos para no sentirse solo en ese planeta desierto. Hathaway muere, y cuando Wilder manda a matar a la familia robótica, su subordinado no puede, puesto que se han vuelto "humanos", quizá más de lo que lo han sido ellos mismos en veinte o más años desde que la Tierra estuviera en guerra.

En este cuento vemos algo que no se pensaba del todo en la época: los robots humanizados; es decir, no son meras máquinas que hacen el trabajo del hombre, sino máquinas con rostro humano que reemplazan al hombre mismo. Esto es algo que, ahora en el siglo XXI, es más preocupante con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y los robots que hablan y hacen cosas como los humanos. Bradbury estaba ya pensando en esta posibilidad: el hombre no sólo relacionado con la máquina, sino el hombre opacado y sustituible por la máquina.

A diferencia de los demás cuentos donde vemos una ciencia ficción soft, en éste pasamos a una transición al hard, donde el desarrollo científico y tecnológico crean los escenarios planteados de la obra, volviéndolos posibles, y más ahora como nuestro mundo se encuentra.

Llega al grado de hacernos pensar en una Tierra digna del género cyberpunk: robots humanizados y lo que veremos en el próximo cuento. Además, por lo que sabemos de los personajes, la Tierra que, de por sí nunca fue utópica, se vuelve una completa distopía con la guerra presente y la tecnología del lado de los poderosos.

La ciencia ficción hard se vuelve aún más evidente con el cuento que, para nosotras, fue el más perturbador de todos: Vendrán lluvias suaves. La historia se da, a diferencia de las demás, en la Tierra. Ésta está destruida, infértil, sin vida humana. Entre ese paisaje, una casa robotizada se mantiene en pie, siguiendo la vida normal de sus habitantes que ya no existen más que como siluetas de cenizas, resultado de las explosiones de bombas atómicas. Al final, la casa se desestabiliza, encendiéndose y muriendo.

Si no eran suficientes los robots humanizados, en la Tierra la tecnología había llegado ya a abarcar la vida del hombre, como esta casa que hacía todo lo de sus habitantes, como despertarlos, darles de comer, acomodarlos en las sillas, y demás. O sea, el hombre vicioso que, ante la cómoda vida que le otorga la ciencia y tecnología, no tiene más por qué vivir, no hay sueños, y menos cuando miramos a nuestro alrededor y vemos solamente muerte y destrucción. Realmente esto es un fenómeno que vivimos hoy en día.

Posiblemente en esta crónica, sea la canción que toca la casa lo que es más triste: 

"Vendrán lluvias suaves y olores de la tierra,
y golondrinas que girarán con brillante sonido;
y ranas que cantarán de noche en los estanques
y ciruelos de tembloroso blanco,
y petirrojos que vestirán plumas de fuego
y silbarán en los alambres de las cercas;
y nadie sabrá nada de la guerra,
a nadie le interesará que haya terminado.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se destruye totalmente;
y la misma primavera, al despertarse al alba
apenas sabrá que hemos desaparecido."
"La historia de la humanidad es sólo un parpadeo dentro del espacio", esta frase del personaje de ficción, Capitán Harlock, es indicada para describir esta canción. Nosotros nos mataremos entre sí y, cuando ya no haya ningún humano, nadie lo lamentará; la vida en la Tierra, si es que no la deterioramos más, será verde de nuevo; los animales vivirán sin preocupación de que el hombre los cace o destruya sus hábitats; los restos de nuestra civilización serán rodeados por moho, por plantas, por flores; nacerán nuevos ríos, árboles. Quizá lo que necesita nuestra lastimada Tierra es la destrucción del humano para volver a comenzar. Y, mientras tanto, en el vasto universo nadie ni nada notará que el ex poderoso ser humano está extinto. Las estrellas seguirán muriendo, los demás planetas del Sistema Solar seguirán girando. Nada cambiará en el resto del universo.

Por último, en el cuento de El picnic de un millón de años nos damos cuenta por los personajes del desenlace de la Tierra. Una familia logra escapar con su cohete a Marte, y ahora esperan que unos más lleguen para comenzar de nuevo. Lo más rico del relato es cuando el padre les dice a sus hijos el por qué están en Marte y por qué se quedarán ahí:
"Estoy quemando toda una manera de vivir, de la misma forma que otra manera de vivir se quema ahora en la Tierra. (...) La vida en la Tierra nunca fue nada bueno. La ciencia se nos adelantó demasiado, con demasiada rapidez, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, preocupándose por las máquinas más que por el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y por último acabaron con la Tierra. Por eso han callado las radios. Por eso hemos huido... (...) La Tierra ya no existe (...) Aquella manera de vivir fracasó, y se estranguló con sus propias manos."
Es decir, el propio hombre se buscó su destrucción, y ni las leyes ni las cosas en las que creía y creaba lo salvaron de eso. Nuestra naturaleza destructiva está latente hasta que algo la detona.

Como dato curioso, el aspecto de la colonización y viajes al espacio nos recordaron a la serie Cowboy Bebop, la cual ocurre en el año 2071: los viajes hiperespaciales facilitan la creación de colonias en otros planetas y el comercio entre ellas. Una de estas puertas, muy cercana a la Tierra, sufre cierta inestabilidad que deriva en una explosión de grandes proporciones. Ésta destroza literalmente la mitad de la Luna y arrasa la superficie de la Tierra, matando a miles de millones de personas. La mayoría de la población opta por emigrar a colonias en otros planetas.

Finalmente, queremos cerrar esta entrada con otra cita del Capitán Harlock: 
"Nuestro significado y existencia terminarán desapareciendo, o tal vez no,
nadie lo sabrá a las finales.
Desde que nos dimos cuenta de eso, la humanidad trató de volver a la Tierra, regresar a la Tierra Madre y a aquella época en la que éramos inocentes.
Ellos trataron de regresar cuando el mundo estaba lleno de nuevas esperanzas, pero esa Tierra ya no existe.
Ya no se puede volver a comenzar."

Fuentes:
Bradbury, Ray, Crónicas marcianas, Edit. Minotauro, Buenos Aires, 1955, pp. 129.
Matsumoto, Leiji. Uchu Kaizoku Kyaputain Harurokku (Pirata Espacial Capitán Harlock). Estudio de Animación: Toiei Animation. Director: Rintaro. 1978. Caps. 42
Watanabe, Shinichiro. Cowboy Bebop. Estudio de Animación: Sunrise. Director: Watanabe, Shinichiro. 1998. Caps. 26.

jueves, 21 de abril de 2016

¡Mírame! ¡Mira qué tan grande se ha vuelto el monstruo en mi interior!

¿Cómo dos personas pueden ponerse de acuerdo para dibujar algo en conjunto? ¿Será que han vivido ciertas experiencias que las ha llevado a pensar en cuestiones oscuras del mundo? ¿O quizá es que el mundo es ya tan oscuro que permite que dos chicas influenciadas por esas tinieblas piensen en algo tenebroso y en común?

Parte de este sentir que está muy vivo en el presente, era el que los artistas del siglo XX, en especial los que vivieron en épocas de guerra, tomaron como bandera para expresar las atrocidades que veían en su mundo. El Dadaísmo, Cubismo, Futurismo, Surrealismo y Expresionismo, principalmente, fueron las corrientes de las Vanguardias que fueron más usadas para reflejar la realidad cruenta de esos momentos de tensión. 

Nosotras, tras ver la presentación en clase por primera vez, nos miramos asintiendo que ya teníamos una idea sobre nuestro dibujo. Tras la segunda vuelta, las ideas se consolidaron. Queríamos representar la desesperación y desolación que nos invadió tras ver aquellas imágenes, leer esas frases y oír esa música penetrante y desquiciante. Nuestras ideas salieron de nuestras bocas al mismo tiempo, así que no tuvimos problema para organizarnos y ponernos de acuerdo en cuanto al diseño de nuestro dibujo.

Nuestra obra de arte, si es que podemos llamarla de esa manera ostentosa, la dibujamos con gises y en cartulina negra, ya que con estos materiales podíamos tener un mejor manejo de las ideas que teníamos en mente, así como los colores que utilizáramos darían otro efecto, a que si hubiéramos pintado con acuarelas. 


En nuestro dibujo se encuentra una persona que tiene la boca cosida, un botón como ojo, un parche que cubre el otro, y lágrimas. La boca representa la incomunicación humana, la cual ha estado presente en nuestras últimas lecturas, así como el lenguaje que puede perjudicar y dañar más a una persona que un arma, causando no sólo un aislamiento social, sino también un quiebre psicológico ante el rechazo de todo un mundo. El botón representa al humano como un muñeco que puede ser manipulado por otros, y cómo el hombre intenta huir de todo para vivir en una fantasía donde los problemas personales y del mundo no existen.

El parche lo dibujamos como parte de la incomunicación, es decir, que incluso en el aspecto visual, mediante gestos y las mismas cosas que vemos, aunque sean más claros y supuestamente más fácil de entender, pueden ser engañosos, y podemos creerlos como reales, y de las cosas que no queremos ver porque hieren nuestra sensibilidad. Por eso, pusimos lágrimas como parte de la idea del sufrimiento ante los cambios drásticos que surgen en el siglo XX con las guerras mundiales, la enajenación e incomunicación cada vez más latentes, y el dolor en las almas humanas; ¿qué hay del dolor de los demás?

Alrededor de esta persona hay fuego, simbolizando la destrucción y desesperación de un momento de posguerra, lleno de muerte, sufrimiento y caos, donde el hombre se consume completamente por dentro y por fuera. Pusimos la palabras "monstruo" y "en mi interior" como el lado instintivo y hasta natural en el ser humano cuando es expuesto a una situación de tensión extrema, dejando salir lo peor y más abominable de él, convirtiéndose en un monstruo que se alimenta de otras personas intentando satisfacer su apetito cada vez mayor hasta que el monstruo sólo deja la piel del humano huésped en el suelo. Un monstruo despiadado e hipócrita que se desliza en la oscuridad para clavar sus colmillos y garras en sus próximas presas.

Ya que para nosotras el japonés y los kanji son comunes en nuestras vidas, decidimos poner dos que simbolizaban bien toda nuestra idea. El kanji 死 significa "muerte", palabra perfecta para la desesperación que carcome a las personas, principalmente, en su interior, matándolas aunque sigan vivas. El otro kanji es el de guerra, 戦, ideal para el momento de crisis de guerra y posguerra que caracteriza al siglo XX, junto con una deshumanización y crueldad llevada más allá del límite.


Queremos ilustrar más esta idea con el siguiente video que relata el cuento llamado El monstruo sin nombre, que habla sobre el problema de la identidad, de la naturaleza monstruosa del hombre:


Los humanos niegan a su monstruo interior bajo apariencias, pero los monstruos no niegan su naturaleza; eso no es tan terrible, ni siquiera para un monstruo.

viernes, 11 de marzo de 2016

"Hay tantas cosas que, sin existir, existen..."

¿Qué tan real es lo real, o mejor dicho, lo que llamamos realidad?


Intenta recordar un momento de tu vida, cualquier cosa, algo alegre o quizás algo triste; ahora intenta recordar algún sueño, uno que te haya impactado. Bien, ahora piensa si existe alguna diferencia entre ambos recuerdos, ¿alguno es más tangible que otro? Si somos sinceros ambos nos podrían parecer un sueño, incluso podríamos cuestionar cuál es cuál; pero no por esto dejan de sentirse “reales”.



"Hay dolencias peores que las dolencias,
Hay dolores que no duelen, ni en el alma
Pero que son dolorosos más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
Que las que la vida nos trae, hay sensaciones
Sentidas sólo con imaginarlas
Que son más nuestras que nuestra vida.
Hay tantas cosas que, sin existir,
Existen, existen demoradamente,
Y demoradamente son nuestras, son nosotros…
Por sobre el verdor turbio del ancho río
Los circunflejos blancos de las gaviotas…
Por sobre el alma el aleteo inútil
De lo que no fue, ni puede ser, y es todo.
Dame más vino, porque la vida es nada."
(Pessoa Fernando)


Quizás pocos sean los que han escuchado sobre Fernando Pessoa, poeta portugués del siglo XX, pionero e introductor de los movimientos de Vanguardias en su país; y cuya obra fue reconocida después de su muerte en 1935. Este poema es parte de su obra, así como la obra El Marinero.
Una de las características de Pessoa es su temática: la soledad, el sueño, la melancolía, entre otros; aunado a su sensacionismo, pretensión del arte explicado por Andrés Ordóñez como “manifestación de la conciencia individual, debe estimular en quien la percibe la conciencia de sí mismo, es decir, de su sensación, es decir de la realidad” (1991).
Entonces, el poema nos dice que hay sensaciones que son reales sin importar si pasaron o no, porque se vuelven parte del nosotros y así existen, que basta el sueño para que sean tan reales como las que sentimos al estar despiertos. Pero estas reflexiones de Pessoa nos conducen a preguntarnos ¿qué es la realidad?

Hagamos un pequeño paréntesis para hablar sobre El Marinero, cuya mención anterior no fue arbitraria. Esta obra nos presenta el diálogo de tres mujeres que están velando a una dama en un féretro, en una habitación con una sola ventana; sólo hablan mientras esperan el día. Gran parte de sus diálogos remiten a sus pasados, que, según sus propias palabras, son como un sueño: “(…) Con la luz los sueños se adormecen… El pasado no es sino un sueño… Además ni sé lo que no es un sueño… Si miro hacia el presente con mucha atención, me parece que él ya pasó…”.

Por otra parte es interesante mencionar que pese a ser una obra dramática sólo hay diálogo, no hay acción ni movimiento. El diálogo refuerza el miedo al silencio que expresan las tres veladoras, ese miedo al vacío que produce la muerte, miedo que se traduce en la necesidad por soñar, ya que representa un estado de letargo en el cual somos capaces de existir en diferentes planos, de sentir tal y como en el mundo físico.

Quizás en este punto, incluso sin haber leído la obra, pueden inquirir que las tres damas son el desdoblamiento de la que se encuentra en el ataúd, son la existencia misma representada en tres sueños diferentes; y la habitación es el espacio atemporal que las envuelve y les permite interactuar en una misma realidad.

Por ello, es que cada dama habla sobre un pasado que no recuerdan, inventándose su propio mundo y pasado como ellas creen más interesante. Incluso, el parloteo a veces sin sentido que sostienen estas mujeres, señalado un poco más arriba, lo hacen no porque quieran comunicar específicamente algo, sino que es la manera en que las manifestaciones, o desdoblamientos, de la mujer en el ataúd encuentran para  demostrar que existen, aunque sea como un reflejo de conciencia.

Podemos observar como ambos textos, obra y poema, aluden a la realidad, a la existencia. Pessoa nos plantea que existimos porque somos capaces de soñar. Al soñar sentimos, el soñar no implica un enfrentamiento con la realidad, sino la creación de una realidad relativa en la que lo ficticio y lo real convergen, un espacio en el que nuestra mente nos puede “engañar” ya que nada es ficticio y nada es necesariamente real, pues ambos nos producen sensaciones y toda sensación es real, es lo que nos hace humanos. Y sólo mediante la comunicación entre sueños es que podremos entender mejor al otro, como prueba de nuestra existencia de que pudimos crear algo a partir del sueño.

Cabe mencionar un último rasgo en ambos textos: la melancolía. El poema, si bien nos plantea la existencia a partir de lo que sentimos, su carácter melancólico se destaca en los últimos versos, pues si no hay diferencia entre una sensación real y una imaginada o soñada, entonces la vida, es decir,  la existencia, es todo y es nada. En cambio, la obra al final nos recalca que la existencia radica en el sentir, y al soñar sentimos, por lo tanto al dejar de soñar dejamos de existir; he ahí la melancolía, en el dejar de existir.

Para concluir hemos decidido incluir una canción, The lost memory del grupo Vocaloid, bajo el pretexto de unir dos ámbitos, música y literatura, por su temática. La canción nos recordó, en especial, al poema que seleccionamos, pues habla de un recuerdo y el dolor que este provoca, como la sensación por la que sabemos que algo intangible existió; al igual que el sentimiento de soledad que provoca el no tener memoria, y lo doloroso que es ni saber qué es real o qué es una mentira. También lo relacionamos con la historia que se encuentra en la obra respecto al marinero, ya que al encontrarse vacío por no saber a dónde permanece, se crea un mundo, y es lo que sucede de cierta forma en el video, pues el personaje rubio no recuerda nada, no sabe nada sobre sí, y y entre la soledad que siente él deja que los otros dos personajes le creen su mundo. 

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Bibliografía

·         Pessoa, Fernando, Obra poética, Edit. Libros Río Nuevo, España, 1981, Tomo I, pp. 476. 

·         Ordóñez Andrés, Fernando Pessoa: un místico sin fe, Siglo veintiuno ediciones, México, 1991, pp. 239.

·         http://ensayopessoa.blogspot.mx/2007/09/sensacionismo.html, revisión del tema: Sensacionismo, fecha de revisión: 10-03-2016.

·         http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pessoa.htm, revisión del tema: biografía de Fernando Pessoa, fecha de revisión: 10-03-2016.

               

miércoles, 17 de febrero de 2016

Exposición de los Modernos

El pasado 5 de enero, Ana y yo, fuimos al Museo Nacional del Arte (Munal) a la exposición Los Modernos.

La exposición se compone por más de 140 obras del arte moderno del siglo XX, dichas obras son de artistas tanto nacionales como internacionales. El recorrido de la exposición se divide en nueve núcleos temáticos, brindando al espectador la libertad de seguir el recorrido libremente. Cabe mencionar que cada una de las obras presenta un estilo único y diferente, y que provocan en el espectador diferentes emociones.

A lo largo de dicho recorrido varias obras llamaron nuestra atención, pero fue una en especial la que nos cautivó por su colorido y manejo de materiales.


He aquí la imagen:


A continuación, presentamos una breve ficha que explicará lo que nosotras notamos en cuanto al estilo de la obra, así como datos y contexto del autor que permitirá el conocer las influencias que llevaron al resultado de esta pintura, Amanecer en la montaña.

Ficha de la obra

Vida del autor

Gerardo Murillo, nacido en Guadalajara en 1875 y fallecido en la ciudad de México en 1964, fue un pintor y escritor. 

Tras realizar algunos estudios de pintura en su ciudad natal, se mudó a la ciudad de México, donde estudió Pintura en Bellas Arte, siendo becado por Porfirio Díaz.

Realizó viajes a Roma, donde estudió Filosofía y Derecho. Ahí conoció a Leopoldo Lugones, un ensayista, poeta y periodista argentino, quien le dio el apodo de Doctor Atl, tomando la palabra ·atl" del náhuatl, que significa "agua", y el Doctor se lo adjudicó por su doctorado en Filosofía.

En 1903, regresó a México con ideas renacentistas, así como con influencias del Neoimpresionismo y del Fauvismo. Empezó a impartir clases en la Antigua Academia de San Carlos (hoy, la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM), teniendo como alumnos a Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

En 1911, Murillo viajó a Francia, donde tenía pensado hacer algunos proyectos, pero los conflictos revolucionarios en México provocaron que él tomara interés, y se involucró en ello, mediante la publicación de un periódico llamado La Révolution au Mexique, realizando gestiones en favor de la facción revolucionaria. Así, habló con el ministro de finanzas Dumont y el ministro de México en Francia Díaz Lombardo, impidiendo el emprésito de 130 millones de francos que el gobierno de Huerta había promovido en París.

En ese tiempo, viajó a Italia y estudió Vulcanología, interesándose mucho no sólo en los volcanes, sino en los paisajes, siguiendo el estilo fauvista-impresionista.

Regresó a México en 1913, donde se reunió con Venustiano Carranza. Por encomienda de éste, el Dr. Atl se entrevistó el 28 de julio de 1914 con Emiliano Zapata para pedirle que se uniera a Carranza con el fin de derrotar a Huerta. Zapata aceptó.

Creó la técnica que se llamaría "Atl-Color": tintes secos o a la resina que imprimía sobre papel, tela o roca; con esta técnica pintó un friso de ninfas con guirnaldas floridas y unos cuadros de grandes dimensiones que representan volcanes para un filántropo de Puebla y para decorar una cafetería de la calle 16 de Septiembre de la ciudad de México. 

Se dedicó también a la literatura. Escribió Cuentos de todos colores, con temas de la Revolución, lo consagraron como uno de los mejores narradores de esa etapa histórica. Sus relatos recurren al tema de la justicia. Donó casi toda su obra plástica al Instituto Nacional de Bellas Artes.


Contexto histórico

Murillo tuvo influencia tanto artística como política en los años que pasó en Italia, Francia y Alemania. En estos países fue donde tuvo contacto con el Arte Vanguardista, como el Neoimpresionismo y el Fauvismo.

En 1910 fue muy activo, tanto fuera como dentro de México, en acciones en favor de la Revolución, conociendo incluso a personajes como Carranza, Huerta y Zapata, y participando políticamente poco después de que asesinaran a Carranza.

Con el estallido de la Guerra Cristera, en 1926, Murillo simpatizó con el movimiento anticlerical.

También le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, la cual veía con cierto optimismo, debido a que se manifestó abiertamente a favor de los nazis, y se proclamó antisemita. Las victorias hitlerianas le hicieron sentir próximo el fin del marxismo y del comunismo, del semitismo y del imperialismo, y ese pensar lo llevaron a colaborar con la revista Timón dirigida por José Vasconcelos.; probablemente financiada por la embajada alemana, y que fue prohibida por el gobierno mexicano a causa de sus inclinaciones.



Estilo de la obra

Murillo, como hemos comentado ya, fue un paisajista que tuvo mayor interés en los volcanes, los cuales también escalaba como el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, además de pintar árboles y montañas.

Su estilo fauvista-impresionista hicieron que sus pinturas tuvieran un manejo inmenso del espacio, y sus horizontes fueran curvados con sensación de movimiento y amplitud. Con esta tendencia, el dio nombre al "aeropasaje", o sea, conjuntos geográficos tomados desde las alturas.

De igual manera, creó una técnica llamada "atl colors", que consiste en una pasta dura compuesta de cera, resina y petróleo con los que pintaba tanto en papel, tela o roca.

Comentario

Amanacer en la montaña, pintada en 1916, está pintado en óleo sobre cartón. Creemos que usó la técnica "atl colors" porque le otorga a la pintura, a los colores en sí, una textura que nos recordó a los colores pastel, pero que le da una brillantez mayor, resaltando mucho los colores del amanecer con el de la montaña. Además del juego entre líneas curvas y rectas que crean un efecto de movimiento en la obra.